¿Un juguete roto?
Durante una fracción de segundo, Sylvia sintió que su cuerpo se convulsionaba, espinado por numerosas y afiladas espinas que penetraban en su piel.
Casi por instinto, levantó una mano y dio una bofetada en la atractiva cara de Odell.
¡Pam!
Un golpe claro y nítido cortó el aire.
Sylvia sintió que le temblaba la palma de la mano. Su rabia era lo que la mantenía en pie mientras rugía con fuerza: "¡Odell, tú eres el juguete roto!".
Tan pronto como dijo esto, ella