Isabel guardó su teléfono y se dirigió al baño, donde se echó agua fría en la cara.
Habían pasado cinco años, un lapso de tiempo significativo. Lo mejor era dejar atrás el pasado.
Cuando el reloj marcó la medianoche, terminó su rutina nocturna y se preparó para ir a dormir.
La alarma la despertó abruptamente de su sueño, un recordatorio de su dedicación al trabajo.
Se tomaba sus responsabilidades en serio y no dependía de su asistente para despertarla o ayudarla en sus preparativos m