Sylvia redujo la velocidad hasta detenerse. Se miró las piernas, que consiguieron detenerse tras varios intentos, y soltó una risita de alivio.
Odell le dio una palmadita en la cabeza. "No está mal".
Sylvia hizo un mohín y dijo: "No me toques la cabeza".
Odell se rio entre dientes. "Ni siquiera me he quejado de que me chocaste por diecinueve veces".
Luego le puso la mano en la cabeza y se la frotó un par de veces.
Sylvia se sonrojó en silencio antes de darse la vuelta y dirigirse hacia