El fuego persistió durante todo el día, amenazando con devorar todo el bosque de no haber sido por un aguacero milagroso. Lamentablemente, la lluvia acabó con las llamas.
El paisaje, que alguna vez fue un vibrante escaparate de la naturaleza, con exuberantes extensiones de espesa vegetación, ahora estaba carbonizado. Las consecuencias sólo dejaron enormes troncos de árboles grises y montones de cenizas esparcidas por el suelo.
La llovizna persistía mientras los bomberos realizaban un barrido