—¿Qué pasa?
Él le pellizcó la mejilla juguetonamente.
—Te daré toda mi fortuna y tú me darás este cuadro.
Sylvia puso los ojos en blanco.
—Incluso sin esta pintura, toda tu fortuna es prácticamente mía de todos modos.
Después de todo, eran marido y mujer.
Odell se rio.
—VERDADERO.
Sylvia lo miró, sonrojándose levemente, y tomó a Flint entre sus brazos.
—Tengo que volver a la mesa de los jueces para discutir la competencia con ellos. Trae a los niños y regresa a tus asientos.