—¡KITT! ¡KITT, HIJO! —Al escuchar los gritos frenéticos de su madre, el niño de ocho años levantó la vista del video de gatitos que estaba viendo en su nuevo reproductor y salió corriendo fuera de su habitación luego de dejarlo cuidadosamente en la cama (adoraba mucho su nuevo reproductor).
—¡¿Qué ocurre, mamá?! —gritó bajando las escaleras, ignorando el dolor todavía persistente en su garganta. Al llegar a la cocina, se quedó con la boca abierta al ver el lugar lleno de humo y fuego arrastrán