Marbella luchaba, no podía quitarse a Bryce de encima, sus labios sobre los suyos le causaban repudio.
Hasta que por desesperación mordió su labio inferior, tan fuerte, que él lanzó un quejido, Bryce sintió un hilo de sangre correr por su labio, el sabor a óxido lo descubrió.
—Marbella… no pensé que fueses tan apasionada —dijo con una media sonrisa, que a ella la asqueó.
Marbella hizo un gesto nauseabundo, limpió su boca.
—¡Me das asco!
Bryce la miró con estupor, todo esperaba, menos que el