Clyde se quedó perplejo, no esperó que Celestia lo siguiera y escuchará todo eso.
—¡Celestia… yo…!
Ella negó, hundió la mirada llena de lágrimas, se alejó de él y fue a su habitación.
Clyde cerró los ojos y los abrió, estaba tan frustrado, sintió esa mano en su hombro.
—Clyde, escucha, estás tenso, esto es muy fuerte, pero debes permitir que la cordura entre en ti, ¿acaso no conoces a Celestia? Se crio contigo, y luego la amaste como una mujer. ¿Recuerdas alguna vez que te hizo daño o que mi