Los ojos de Marbella se abrieron enormes al ver a ese hombre ante ella, se sintió temblorosa.
—¿Qué quieres aquí?
Lugh se acercó a ella.
—¿A qué has regresado? Luego de cinco años, no debiste volver jamás.
Ella esbozó una sonrisa que se le antojó cínica.
—Hago lo que quiero, puedo volver o irme si me da la gana, tú no eres mi dueño —dijo con la barbilla altiva.
Lugh la miró con rabia.
—¿Así que fuiste a buscar tu nueva presa cuando saliste de mi vida?
Ella sonrió.
—Me estás comparando c