Marbella se puso de rodillas frente a él, intentó levantarlo.
Dylan recuperó el conocimiento, intentó levantarse, pero flaqueó, volvió a caer al suelo.
—¡Llamaré a una ambulancia! Llamaré a la enfermera.
—¡No! —gritó él, desesperado—. No me dejes solo, por favor, no me dejes solo.
Él recostó su cabeza en su regazo, ella acarició sus cabellos, estaba mal, frío como la nieve, pálido.
—Estás mal, necesitas ayuda, Dylan.
—Ya no… estoy cansado, Mar, esto es todo, ahora sé que cuidarás a mi hijo