Capítulo 107. Mi verdugo
Adelaide por fin llegó.
Egil cierra los ojos esperando a que ella se acerque. Sus pasos son tan sutiles que apenas pueden oírse en el profundo silencio de la habitación. Oye un suspiro muy cerca de él que lo tienta a abrir los ojos, pero aún no es tiempo.
Algo se remueve a su lado. Luego un balbuceo de su hija y el rechinar del sillón. Solo debe esperar un poco más y ella será nuevamente suya.
Adelaide deja un beso suave en la frente de su hija, quien está despierta esperando por ella. Eleonor