Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Amelia se calmó, alistó algunas de sus cosas para llevar y pasar la noche; Fabiola llegó a la habitación.
—¿Estás bien? —Sí, no te preocupes. —Fabiola se quedó en silencio, entrecruzó los dedos de las manos y los movía con inquietud, Amelia se hizo de la vista gorda por un momento, pero los movimientos eran insistentes. Cuando ya no aguantó más le dijo:—&iqu






