Amelia dejó de llorar, Fabiola le dijo:
—Si quieres antes de irnos podemos tomar un café y hablamos.
—No, me siento... —se quedó en silencio y se puso la mano en la frente.
—¿Estás mareada?
—Está oscuro. —De pronto Amelia se desplomó y cayó al suelo.
—¡Amelia!
Fabiola exclamó angustiada. Amelia estaba inconsciente.
Fabiola gritó por ayuda, pero estaban en una calle poco concurrida, pues era un complejo de oficinas. El portero del grupo Alcázar corrió hacia ellas.
—¿Qué le pasó a la señora?
—S