Silvia se encontraba en el jardín de la casa donde Ignacio la tenía encerrada, llena de amargura por su destino del cual no sabía si algún día podría escapar, estaba sin maquillaje y sin un atuendo que realzara su belleza. Su cuerpo lo tenía muy delgado porque había días que no le apetecía probar bocado.
Casandra llegó de imprevisto y mandó que le trajeran a Silvia a la sala.
Silvia con una expresión cargada de menosprecio miró a la mujer sentada cómodamente en el sofá.
—¿Ahora qué? ¿Vienes