Ignacio llegó al auto, iba algo alterado, subió al asiento del copiloto y se abrochó el cinturón de seguridad. La luz de adentro estaba encendida porque Mari Ángel quería ver su elefante.
Cassandra notó la cara de consternación que Ignacio traía; volteó hacia él, lentamente estiró el brazo y tocó su muslo, para ayudarlo a sentirse mejor le dijo:
—Acabas de lograr por lo menos el setenta por ciento de todo el plan. —Ignacio tenía la mirada hacia la nada y no respondió a su comentario. Varios se