Era casi de madrugada, el especialista en fotografía confirmó la veracidad de las fotos que el Tata le envió a Marino. Después que el hombre se marchó, el Tigre le dijo.
—¿Qué hará con ellos ahora? —Marino estaba lleno de indignación y a la vez consternado.
—Se suponía que su amante era Ernesto Landér, al parecer fue una fachada que hicieron para despistarme.
—¿Pero quién envió esas fotos?
—Alguien que quiere abrirme los ojos.
—O tal vez quiere que mates a Henrry.
—Tal vez esa persona está den