Capítulo veinte. Consumidos por la pasión
El cuerpo de Sienna chocó contra la fina y bonita madera de la puerta, no sabía cómo había hecho para volver al hotel y mantener sus manos apartadas del cuerpo de Hasan y tampoco le interesaba saberlo, pues los labios de Hasan le robaban todo pensamiento y sus caricias todo razonamiento.
Sienna gimió al sentir la fuerte rodilla de Hasan colarse entre sus piernas. La túnica era una mala cosa, pero Hasan no tuvo ningún reparo en subirla hasta su cintura y dejar expuestas sus largas y esbeltas pie