Capítulo ciento uno. Amenazas
DUBÁI
«Veinticuatro horas»
Azahara apretó la carta entre sus manos con tal fuerza, que ella habría deseado fuera el cuello de Anás. ¿Qué se creía ese hombre? ¿Cómo podía exigir la presencia de Nayla en su casa, cuando fue él mismo quien la echó a la calle sin importar su suerte? ¿Para qué la necesitaba ahora?
—¿Veinticuatro horas? —murmuró—. Será mejor que te sientes y esperes porque de lo contrario vas a cansarte, pues no te entregaré a mi hija —aseguró, limpiándose las lágrimas que empezaban