Capítulo ciento dos. Te deseo
DUBÁI
Cuando Abdel abandonó los labios de Azahara, no supo qué decir. Aunque, no creía que hubiera palabras para expresar en ese momento, por lo que la tomó entre sus brazos y la llevó a la habitación, mientras el cosquilleo en sus labios no le dejaba olvidar lo que recién había hecho y la manera en la que Azahara le había correspondido.
Entre tanto, Azahara se dejó hacer, pues no tenía el valor para mirar el rostro de Abdel, cuando el suyo ardía por la vergüenza en la que había correspondido e