Abby no pudo decir nada, sentía tanto dolor.
Denver habló con Emerson, él les prestó su avión privado, y viajaron al Mediterráneo.
Durante el vuelo, Denver fue como un ángel con la chica, cuidándola y velando su sueño.
Abby a veces lloraba, a veces despertaba en gritos y volvía a dormir, se había negado casi a comer.
Cuando al fin llegaron a ese país, salieron del aeropuerto y fueron en un auto hasta el hospital donde Vania dijo que estaba.
Fueron a preguntar.
—Entonces, ¿vienen a reclamar el cu