El silencio que los envolvía no era incómodo.
Era cálido.
Era íntimo.
Era ese tipo de silencio que solo existe cuando dos personas ya no necesitan llenar los espacios con palabras.
Diana permanecía recostada sobre el pecho de Jeremy.
Escuchando.
Sintiendo.
Cada latido suyo era firme.
Constante.
Y de alguna manera…
La hacía sentir protegida.
Como si, mientras él estuviera allí…
Nada pudiera alcanzarla.
Nada pudiera destruir lo que estaban construyendo.
Los dedos de Jeremy seguían perdiéndose en