La mañana amaneció luminosa sobre la Villa.
Después de tantas tormentas, tantos enfrentamientos y tantas despedidas, la vida parecía haber encontrado finalmente un ritmo más tranquilo para Jeremy y Diana.
El aire fresco entraba por los ventanales abiertos mientras el sol iluminaba los jardines cuidadosamente mantenidos. Por primera vez en mucho tiempo, no había informes urgentes, llamadas alarmantes ni amenazas ocultas esperando en las sombras.
Solo existía aquella paz que ambos habían luchado