La puerta del automóvil se cerró con un sonido suave.
Serena respiró hondo antes de acomodarse en el asiento de cuero negro.
Todavía podía sentir el calor de la mano de Don Elion cuando la ayudó a subir.
Él tomó asiento a su lado. No dijo una sola palabra. Tampoco ella.
El conductor arrancó el vehículo y el silencio se apoderó del interior.
Serena mantenía las manos entrelazadas sobre su regazo, intentando controlar el temblor de sus dedos.
Sentía que el corazón iba demasiado rápido.
No sabía si