De pronto, Serena sintió que alguien sujetaba su muñeca con fuerza.
Antes de que pudiera reaccionar, fue arrastrada lejos de la sala privada.
Sus tacones resonaron sobre el elegante piso de mármol mientras intentaba soltarse.
—¡Suéltame!
La respuesta fue un silencio cargado de rabia.
Cuando llegaron al final del pasillo, la mano que la retenía la empujó contra la pared.
Serena levantó la vista.
Rocco. Sus ojos estaban llenos de furia, pero también de un orgullo herido que lo hacía parecer todaví