Elion, de pie la observaba sin pestañear, con esa mirada pesada e impenetrable que está acostumbrado a poseer todo lo que desea.
Serena deslizó la seda de su vestido por los hombros, dejándolo caer a sus pies con una parsimonia estudiada.
A continuación, retiró su ropa interior, quedando completamente desnuda frente a la fiera.
No apartó los ojos de su marido ni un solo segundo, saboreando el hambre voraz que ardía en las pupilas de él.
—¿Así está bien, Don Elion? —murmuró ella con una inclinaci