Cuando Elion terminó de besarla, la tomó en brazos con una facilidad que siempre conseguía sorprenderla.
Ella soltó una pequeña risa y rodeó su cuello con los brazos, apoyando la frente sobre su hombro mientras él caminaba por la amplia habitación de la mansión.
—Donna… —murmuró con una sonrisa apenas visible—. Creo que es hora de relajarnos un poco.
Ella levantó una ceja.
—¿Y qué tienes en mente?
Él inclinó el rostro hasta rozar su mejilla.
—El jacuzzi nos espera.
La joven sonrió con complicida