El automóvil se detuvo con un chirrido frente a una vieja bodega abandonada, en las afueras de la ciudad.
El silencio del lugar era inquietante.
No había casas.
No había luces.
Solo enormes muros de concreto agrietados, ventanas rotas y una puerta metálica oxidada que parecía ocultar los peores secretos.
Antes de que Serena pudiera reaccionar, la puerta del automóvil fue abierta de golpe.
—¡Baja! —ordenó uno de los hombres.
Ella no obedeció.
Retrocedió hasta quedar pegada al asiento.
—No...
Otro