Minnie salió de la boutique con la rabia consumiéndola por dentro.
Su mejilla todavía ardía por la bofetada de Serena, pero el dolor físico no era nada comparado con la humillación que sentía.
Por primera vez alguien se había atrevido a enfrentarla. Por primera vez alguien no había temido al apellido Donnati.
Sacó su teléfono con las manos temblorosas y marcó el número de Rocco.
Él respondió casi de inmediato.
—¿Minnie? ¿Qué pasó?
La mujer cambió su expresión. Sabía perfectamente qué decir.
Dejó