El timbre del departamento sonó cuando Elena acababa de dejar una taza de chocolate caliente sobre la mesa de la sala. Lily se encontraba en su habitación, entretenida con Mochy, y desde el pasillo llegaban los pequeños ladridos del cachorro mezclados con las risas de la niña, creando una escena doméstica que Elena había aprendido a valorar profundamente desde que su vida comenzó a cambiar. Durante unos segundos pensó que podía tratarse de algún repartidor, pero cuando volvió a sonar el timbre,