El exclusivo Club Imperial permanecía envuelto en aquella atmósfera de lujo que solo los hombres más poderosos de la ciudad podían disfrutar. Grandes ventanales permitían contemplar el inmenso campo de golf que se extendía hasta el horizonte, mientras el sonido discreto de un piano acompañaba las conversaciones de empresarios, inversionistas y políticos que cerraban acuerdos millonarios con la misma naturalidad con la que otros compartían una taza de café. Los meseros caminaban con impecables u