El vehículo de alquiler se detuvo lentamente frente a los imponentes portones negros de la Mansión King. Elena permaneció inmóvil durante unos segundos antes de bajar, contemplando aquella residencia donde había pasado tantos años intentando convertirse en la esposa perfecta, la nuera perfecta y la madre perfecta, sin comprender que, para algunas personas, jamás habría sido suficiente. Respiró profundamente mientras el aire tibio de la tarde acariciaba su rostro. Ya no llevaba sobre los hombros