La residencia principal de la familia King se alzaba sobre la colina más exclusiva de la ciudad como un símbolo de poder construido para recordar a cualquiera que cruzara sus enormes portones cuál era la verdadera jerarquía de aquella dinastía. Las antiguas columnas de mármol, los jardines perfectamente podados y las esculturas heredadas durante generaciones desprendían una elegancia imponente que incluso Sebastian, después de tantos años, seguía contemplando con un respeto casi instintivo. Cad