Elena abandonó la sala sin hacer el menor ruido. Ni siquiera recordaba cómo había conseguido mover las piernas después de escuchar aquellas palabras salir de la boca de su propia hija. Cada paso parecía más pesado que el anterior, como si el suelo intentara retenerla para obligarla a contemplar una escena que jamás habría querido presenciar. Cuando finalmente cruzó las puertas de cristal que comunicaban con el jardín principal de la residencia, el aire fresco de la tarde golpeó suavemente su ro