El exclusivo Royal Emerald Golf Club conservaba la misma elegancia que lo había convertido durante décadas en el punto de encuentro favorito de las familias más influyentes de la ciudad. Extensos jardines perfectamente cuidados rodeaban los impecables campos de césped esmeralda, donde empresarios, inversionistas y magnates cerraban acuerdos multimillonarios entre un golpe de golf y una copa del mejor whisky escocés. Aquel lugar respiraba lujo, discreción y poder, precisamente el ambiente donde