La lluvia comenzó a caer poco antes del anochecer, cubriendo los amplios jardines de la residencia King con un velo plateado que parecía envolver la mansión en un extraño silencio. Elena permanecía sentada junto al escritorio de la habitación que durante años había compartido con Sebastian, aunque aquella noche la distancia entre ambos resultaba mucho mayor que el tamaño de la habitación. Frente a ella descansaban varios cuadernos nuevos, una pila de libros que había comprado aquella tarde y la