Apretó los puños pero no le quedó opción.
-Me iré, pero tarde o temprano te arrepentirás e irás a mí pidiendo disculpas, esto no era lo que mi hija deseaba para ti.
Lo dejé irse, ya había dicho suficiente. Y mantenía firme no sólo mi decisión, sino mis palabras. Ahora voy a contarles la verdad sobre Ann.
Yo la amaba, me enamoré de ella como un tonto y nada entre nosotros parecía estar mal, todo era miel sobre hojuelas, incluso Valeria, mi madre, no se oponía, no podía ser más perfecto, pero as