Suspiré, era cierto, a diferencia de empresas Keller, K&J pertenecía a los padres de Adam y todos sus hijos trabajan o trabajaban para ellos.
-¿Estás lista?
Negué con la.cabeza.
-Entremos.
Pensé en tomar su mano, pero de nuevo recordé que nadie debía ver mi fragilidad, levanté el rostro y lo seguí.
Jamás había estado en las oficinas de K&J, quedé impresionada al entrar y ver el lujo en el diseño del edificio, mármol perfectamente pulido, el olor a pureza y opulencia en todas partes y e