-Volví, una disculpa.
-No hace falta que se disculpe, sé que se ha casado con una de las herederas de los Smith, la más conocida de las dos, la señorita Emily.
Lo felicito...
Las mujeres como ella son leales hasta la muerte y aman con todo su ser, no lo olvide.
-No lo haré...
Sonreí...
-Además está usted perdidamente enamorado de ella...
Lo digo por su sonrisa.
¡Ja ja ja!
Ha ganado en esta vida señor Keller, algo bueno tuvo que hacer en su vida anterior para haber encontrado un amor tan puro.
-...
Volví a sonreír, era un tonto enamorado.
-Entonces...
¿Discutimos los detalles finales?
-Por supuesto, aunque me gustaría que los dejáramos para mañana, es usted muy joven y lleno de vitalidad, no obstante, a mis cincuenta años...
No puedo decir lo mismo de mí.
-Ja ja ja.
-Ja ja ja.
Ambos reímos.
-¿O tiene prisa?
Mordí mi labio.
-A decir verdad...
Mi esposa es chef repostera y hará una demostración en un restaurante en Zúrich pasado mañana...
Le había prometido acompañ