Entramos a la mansión y ordenó a los guardaespaldas cerrar el ala de esta en la que se encontraba nuestra habitación.
Me emocionaba saber que había dispuesto un nuevo lugar, uno especial, únicamente para los dos.
Entramos y quedé realmente complacida, la habitación era inmensa, tenía hasta una mesa de té, un hermoso balcón, dos gigantescos armarios y dos baños aunque sospechaba que usaríamos uno solo.
No tuve mucho tiempo de ver lo demás porque cuando volteé a ver la gran cama, los pétalos de