Entramos a la mansión y ordenó a los guardaespaldas cerrar el ala de esta en la que se encontraba nuestra habitación.
Me emocionaba saber que había dispuesto un nuevo lugar, uno especial, únicamente para los dos.
Entramos y quedé realmente complacida, la habitación era inmensa, tenía hasta una mesa de té, un hermoso balcón, dos gigantescos armarios y dos baños aunque sospechaba que usaríamos uno solo.
No tuve mucho tiempo de ver lo demás porque cuando volteé a ver la gran cama, los pétalos de rosas blancas y las suaves sábanas me hicieron enmudecer.
Todo estaba románticamente adornada, había una cama de rosas en el suelo alrededor de la cama.
Iba a colocar las rosas sobre la cama, pero es posible que rodemos así que...
-Ja ja ja.
Tonto...
Había por todo alrededor rosas blancas, hortensias azules (mis favoritas) y pequeñas luces que iluminaban la habitación, Adam apagó las luces para que yo pudiera apreciar todo mejor.
Me abrazó por la espalda y comenzó a besar mi cuello, su re