Esa noche dormimos como si nada a nuestro al rededor representara una amenaza a nuestra felicidad.
A la mañana siguiente cuando desperté, ya no estaba sobre aquella mesa del té, Adam me había llevado en algún momento de la noche a su habitación.
-Buenos días gordita.
-Buenos días…
¿Por qué no me despertaste antes?
Iré a prepararte el desayuno…
Me apresuré a intentar salir de la cama. Adam ya estaba listo, se anudaba la corbata, lucía muy guapo.
-No hace falta mi amor, voy tarde, tengo una reunión con August y James, es mejor que me de prisa o me matarán.
-Ja ja ja. Dudo que lo hagan, esos dos te adoran.
Pero estoy de acuerdo con que no llegues tarde, así que me daré un baño y luego iré a mi pastelería, hoy tengo una reunión importante y seguramente el señor Bernard ya está por llegar.
-¿Qué reunión?
¿Quién es el señor Bernard?
Adam levantó una ceja, esa mirada la conocía muy bien, me levanté de la cama y dejé caer la sábana al suelo, me miró como un lobo hambriento, logré mi ob