Cuando me quedé sola en mi pastelería recibí una visita que considero muy poco agradable, pero no es como si pudiera cerrar mi pastelería a gente que no me gustaba, no por ahora, pero más adelante definitivamente lo haría, vetaría a algunas personas, me puse un poco nerviosa porque los guardaespaldas que Adam me asignó y que se habían desviado de su camino aún no llegaban, empezaba a preocuparme que algo le hubiera sucedido a Adam y que por eso ellos hubieran tenido que irse así sin avisar, aunque técnicamente no tenían por qué hacerlo, yo no era su jefa ni su señora, no todavía, además con esta inesperada y desagradable visita, estaba a merced de lo que quisieran hacerme, porque ellos no estarían para ayudarme o defenderme y eso me ponía más paranoica.
-Hola Emma.
Me tensé.
-Hola Caleb...
-¿Cómo estás?
¡Vaya! Este lugar si que es agradable.
Para venir de ti, te ha quedado muy bien, uno nunca espera que las gordas como tú tengan buen gusto, ya sabes, por tu apariencia, no lo tomes p