El silencio en el salón privado continuaba siendo acompañado por aquellas miradas curiosas.
La mano de Harper siguió temblando de manera insistente, suspendida aún en el aire tras el impacto.
El ardor en su palma no era nada comparado con el fuego que le devoraba el pecho. Con gran esfuerzo contuvo las lágrimas que amenazaban con desbordarse y arruinar la última gota de su dignidad que le quedaba.
No soportó la idea de verse destruida frente a los demás, especialmente frente a Loren, quien l