El silencio en el interior del auto continuaba acabando con lo poco que quedaba de cordura.
Austin mantenía una mano firme sobre el volante, pero su mente operaba en un territorio completamente ajeno al estar conduciendo.
El calor del aire acondicionado apenas lograba disipar la humedad que emanaba del cuerpo de Harper.
El interior del auto se había envuelto en un aroma embriagador a vainilla y lluvia, lo que hacía que Austin no pudiera pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo de Harper.
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