Regresaron a casa antes de la medianoche, cuando terminaron de comerse todo el pollo frito que Lucca había llevado para ese momento tan personal e incomparable.
Lucca llevó a Margarita hasta la puerta de su departamento y no la dejó ir cuando ella quiso meter las llaves en el cerrojo. La tomó con fuerza por la mejilla y le plantó un suave y apasionado beso en la boca.
Habría querido resistir un poco más, pero no podía negar lo mucho que Margarita le enloquecía y, no podía quedarse con esa sensa