La noche había caído sobre la ciudad con un brillo frío y elegante. Desde los ventanales del pent-house las luces de los edificios parecían estrellas suspendidas sobre el asfalto. Todo estaba silencioso. Demasiado silencioso.
Ailen abrió la puerta principal con su llave y entró al apartamento.
Las luces estaban apagadas.
La oscuridad se extendía por la enorme sala como un manto tranquilo, apenas roto por el resplandor lejano de la ciudad que entraba por los ventanales. El silencio del lugar er