Helen permaneció unos segundos más en la oficina después de la partida de Alexander, como si su presencia aún llenara el espacio, dejando un vacío imposible de ignorar. Sus manos temblaban levemente mientras ajustaba los papeles, revisaba los números y colocaba cada informe en su lugar. Había errores, sí, pero todo podía ser subsanado, y Helen se negaba a ceder ante el caos que amenazaba con tragarse a Lacrontte & Carusso Allianz. Cada movimiento suyo era preciso, meticuloso, porque sabía que e