Vivian
La vieja mansión Braga se alzaba imponente, un verdadero oasis en medio de la ciudad. Faroles coloniales iluminaban los amplios jardines, proyectando sombras que recordaban pinturas antiguas. La casona respiraba tradición y elegancia, pero también exhalaba el peso sofocante de un linaje que se enorgullecía demasiado de su propio apellido.
Era allí, todos los meses, donde el patriarca Gilbert Braga reunía a su linaje directo —su hijo y su nieto— y a los hermanos, sobrinos, sobrinas y alle