Eduardo
Volvió a su despacho después del enfrentamiento en la cafetería, pero la sensación de incomodidad no lo abandonó. Intentó concentrarse en los informes, escribió algunos correos electrónicos, firmó documentos que Marcos había dejado sobre el escritorio. Aun así, las líneas parecían mezclarse ante sus ojos. La imagen de Vivian, altiva y firme, negándose incluso a mirarlo a los ojos, regresaba como una aguja constante en su mente.
Se levantó de repente, como si el simple aire de la sala fu