Isa
Las palabras parecen ajenas al salir de mis labios, porque nunca me imaginé pidiendo algo así.
Pero lo cierto es …. Que lo deseo. Desde hace unos días cuando puso sus manos en mi cuerpo, cuando me L orgasmo me arrasó y me borró hasta los malos recuerdos, no puedo dejar de pensar en ello.
Pero no solo en eso, no dejo de pensar en Gabriel haciéndome lo mismo.
Puedo sentir sus ojos en los míos, esperando a que cambie de opinión. No lo haré.
—¿Estás segura de lo que estás pidiéndome, Cara mía?
—Lo hago— mi voz es demasiado ronca.
No sé en qué momento dejé de temblar.
O tal vez sigo haciéndolo y simplemente ya no me importa.
Estoy frente a él, tan cerca que siento su respiración mezclarse con la mía, y la habitación parece haberse encogido hasta quedar reducida a este espacio mínimo donde solo existimos Gabriel y yo.
Su frente descansa contra la mía.
Su voz es baja. Cálida. Firme.
—Isa… —me habla, y no hay prisa en su tono—. No quiero que esto sea algo que hagas por miedo, por presión…