Gabriel
Luka es un desgraciado… pero es útil.
Lo sé desde hace años.
Y mientras observo cómo Isa intenta ocultar su sonrisa por culpa de sus idioteces, lo confirmo:
Baja la guardia con él. La pequeña Santorini no confía en mí, no confía en esta casa, no confía en su propia sombra… pero Luka rompe defensas sin esfuerzo.
Justo lo que necesitaba.
Un caballo de Troya no se empuja con fuerza. Se invita a cruzar la muralla.
Y hoy, por primera vez, veo en sus ojos algo que no es furia ni desconfianza absoluta. Es… curiosidad. Minúscula.
Pero está ahí. Y tengo que aprovecharla.
Cuando el jefe de seguridad aparece en la puerta anunciando la camioneta, Isa me mira como si yo hubiera destruido su mañana.
Y ahí lo digo.
—Hoy no irás a la fundación —detallo, viendo cómo se tensa—. Vendrás conmigo a la empresa.
Sé que la pregunta viene antes incluso de que la exhale.
—¿Por qué? —dice, cruzándose de brazos como si se preparara para un combate.
Ya lo había anticipado.
Me recuesto levemente, la observo